Giro

Actualizado: jul 8



Se necesita que el balón se adhiera a tu mano por un tiempo prolongado, mayor que en un bote normal. Para lograrlo tienes que dar un bote fuerte. Posterior al bote giras ciento ochenta grados sobre el pie que se encuentra del lado opuesto al brazo que lleva el balón. El resultado es un avance de una zancada de longitud y la evasión de uno o hasta dos contrarios. Esta jugada se conoce como giro. Dependiendo del lugar donde se realice, el giro le permite al jugador esquivar a un contrario (o dos) y avanzar, o esquivar a un contrario (o dos) y quedar libre para encestar. En mi corta carrera de amateur he visto pocos jugadores dominar el movimiento. Saber hacer un giro se ha convertido para mí en un rápido indicador de la calidad de un jugador.


Con el afán de enseñar al principiante a girar, varios entrenadores dedican minutos que a la postre se convierten en horas a explicar la dinámica del movimiento, cuándo y cómo realizarlo y las ventajas que supone. Pero los jugadores sabemos que entre conocer la teoría y ejecutarla correctamente hay un mar de barreras que superar: nuestra habilidad, la sincronización, la memoria para recordar los pasos y lo más importante y difícil de dominar, la intuición para saber en qué circunstancias del partido implementarla para conseguir mayores beneficios.


Si quieres aprender el giro o hacer que los jugadores lo dominen hay otra forma, más rápida y quizá más efectiva. Dada una explicación sencilla, durante una práctica orientas los circuitos de entrenamiento para que en algún momento del ejercicio el deportista realice un giro. Correr, detenerse y girar. Girar y hacer una entrada. Girar y dar un pase. Girar y hacer un tiro de resorte. Con el tiempo suficiente los practicantes terminarán por acostumbrarse al movimiento, este quedará grabado en su memoria muscular y les será natural elegir el momento apropiado para hacer un giro en un partido.


Pocos son los entrenadores que entienden que alcanzar el aprendizaje depende más de la práctica que de la cátedra. Así también, son pocos los profesores-instructores que comprenden que la transmisión de un conocimiento puede ser más efectiva si las ideas se acoplan con un ejercicio práctico.


En DiveInLearning no entrenamos basquetbolistas, pero preparamos a los futuros jugadores de Inteligencia Artificial e Internet de las Cosas de un campeonato conocido como Industria 4.0. La competición ha iniciado, las apuestas han sido lanzadas y las expectativas son altas y demandan una adecuada preparación de los actores pero también de los instructores. En DIL buscamos que, mediante la realización de ejercicios diseñados con un propósito específico y acompañados de la suficiente explicación, nuestros jugadores desarrollen la habilidad para elegir la herramienta y el método adecuados en el momento preciso dado el contexto del problema. Saber cuándo regresión lineal Ridge es mejor opción contra una red neuronal multicapa (y viceversa). O cuándo MQTT es más recomendable que HTTP para envío de datos en un entorno IoT.


Aprendiendo practicando.


O “descubriendo el aprendizaje”, lo que no es un concepto nuevo. La Pirámide de Aprendizaje desarrollada por el NTL Institute en los 60’s sostiene que, cuando nos toca estar en el lugar del estudiante retenemos el 10% de lo que leemos, el 30% de las demostraciones que presenciamos y que accedemos al 75% de lo que practicamos cuando ponemos manos a la obra. Y que la recompensa del instructor es aprender, porque según la pirámide de aprendizaje, enseñar lo que sabemos a otros nos ayuda a retener el 90% del conocimiento. Una grata satisfacción.


 

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